Las primeras plantaciones de ANSE con vegetación autóctona en las sierras de Cartagena: el Proyecto Araar y el Monte Atalaya

En la rambla de Bocaoria, un viejo cartel colocado en la década de los 90, y parcialmente cubierto por el matorral, recuerda un momento clave en la historia de recuperación de la vegetación autóctona en Cartagena, los inicios del Proyecto Araar. Una iniciativa, coordinada por ANSE, y que tuvo la colaboración del Ayuntamiento de Cartagena, con la que se logró reforestar una pequeña parte de los montes públicos por primera vez con vegetación autóctona, transformando el paisaje de pequeños núcleos del municipio para siempre.
“La vegetación ha crecido muy bien, y al ver los resultados después de tanto tiempo, pienso que me hubiera gustado haberlo reproducido en muchas más zonas”, confiesa Ginés Vergara, que es actualmente bombero del Ayuntamiento de Cartagena, y uno de los coordinadores de aquellas plantaciones impulsadas a finales de los años ochenta.
Aquellas laderas de montaña deforestados y pedregosas se han convertido hoy en bosquetes de sabina mora, que más de tres décadas después de su plantación ya han producido semillas fértiles que han regenerado algunos arbolitos que van creciendo ladera abajo expandiendo los bosquetes de forma natural. Un paisaje formado también por arbustos autóctonos como el lentisco y el palmito, productores de frutos comestibles para la fauna silvestre, y testimonio vivo del esfuerzo de un grupo de jóvenes que soñaron con devolver el bosque a Cartagena.
Antecedentes del proyecto: de la tala al desierto
A finales de la década de los ochenta del s. XX, las sierras de Cartagena presentaban un avanzado estado de deforestación. Siglos de explotación marcados por la tala forestal para la minería, el cultivo de subsistencia, el carboneo, la construcción y la “industria” naval entre otros usos, habían destruido los bosques primigenios.
La geógrafa María del Carmen Zamora, en su tesis “Cómo se construye un desierto”, describió aquel proceso histórico de pérdida de suelo fértil que convirtió las montañas de Cartagena en paisajes semiáridos donde apenas sobrevivían algunos fragmentos de vegetación original, en algunos enclaves como Calblanque-Peña del Águila, Sierra de la Muela o la rambla de El Cañar-Peñas Blancas, donde aún sobrevivía el araar, sabina mora o ciprés de Cartagena (Tetraclinis articulata), un árbol iberoafricano único en Europa continental.
El nacimiento del Proyecto Araar
En este contexto, ANSE puso en marcha en 1989 el Proyecto Araar, que pretendía destacar la importancia de la vegetación iberonorteafricana de las sierras litorales, representadas por este árbol de la familia de los cipreses, símbolo de la flora autóctona de Cartagena.
Al poco de su inicio, el proyecto contó con la colaboración del Ayuntamiento de Cartagena y el Servicio de Empleo y Formación (SEF). Durante aproximadamente un año de trabajo, cuatro jóvenes contratados a través de un programa de empleo participaron en la restauración de varios montes de propiedad pública. Entre ellos, la zona norte del Monte Atalaya, las cuestas del Cedacero, la rambla de Bocaoria, la zona de Garabitos o Rellanas y la Morra de los Monteses.
Las zonas reforestadas fueron señalizadas con carteles (como el que observamos en la fotografía que da pie a este reportaje) para así evitar que no entrasen los rebaños en un área donde aún era frecuente el pastoreo. “El único cartel que se conserva es el de la zona de Bocaoria, los otros dos se perdieron con el tiempo. El de La Atalaya lo lanzaron al barranco, y allí quedó”, comenta entre risas el coordinador de estos jóvenes, Ginés Vergara.

Asimismo, Ginés recuerda también la experiencia como dura, pero gratificante: “Para llegar a Bocaoria y Rellanas usábamos un Land Rover viejísimo que teníamos en ANSE. Los hoyos los hacíamos a pico y azada, a mano, y llevábamos el agua a pie para regar los plantones uno por uno. Hoy eso se haría con maquinaria ligera, pero entonces fue un trabajo durísimo”.
El objetivo principal del proyecto no era tanto reforestar grandes extensiones de terreno, sino más bien comprobar si las especies autóctonas podían volver a desarrollarse en un entorno tan árido y erosionado, y crear pequeños bosquetes que luego fueran propagándose de forma natural.
“Adopta un Árbol”: primer voluntariado del proyecto

El 11 de diciembre de 1989, ANSE organizó la primera gran jornada de voluntariado del proyecto bajo el lema “Adopta un Árbol”. La cita tuvo lugar en el Monte Atalaya, junto al castillo del mismo nombre, y congregó a casi un centenar de personas.
“Las primeras repoblaciones se divulgaron como se pudo, y la verdad es que acudió bastante gente. Después de eso, durante nueve meses estuvimos nosotros 4 reforestando todas las zonas incluidas en el proyecto: Atalaya, Torrellana… Fue un trabajo continuo, duro y muy emocionante”, recuerda Ginés.
Aquel día se plantaron 450 ejemplares de especies autóctonas, entre ellos 200 sabinas moras, 50 encinas, 50 palmitos, 25 acebuches y 10 coscojas, cedidos por la Agencia Regional de Medio Ambiente.
Paralelamente, la asociación desarrollaba las primeras actividades educativas para escolares del municipio, con una pequeña exposición divulgativa sobre la vegetación autóctona de la sierra de Cartagena, mediante la que voluntarios de ANSE como Pedro García, el actual director de la asociación, junto a un artesano del esparto, enseñaron a cientos de niñas y niños la importancia de conservar y recuperar la vegetación autóctona de nuestros campos y montañas.
Otro aspecto a destacar de aquellas plantaciones fue la necesidad de producir las propias plantas, ya que los viveros comerciales no disponían de especies autóctonas.
El vivero forestal de ANSE: origen y consolidación
Para solucionar la carencia de planta autóctona logramos que el Ayuntamiento de Cartagena cediera a la asociación un pequeño espacio en el antiguo vivero del Barrio de la Concepción, donde comenzamos a cultivar unos pocos cientos de ejemplares con semillas procedentes de plantas de nuestros montes.
Allí, equipos de voluntariado comenzaron a germinar especies autóctonas -encinas, sabinas moras, cornicales, artos y palmitos, entre otras- destinadas a futuras reforestaciones.
“Yo estaba como loco los meses de septiembre, octubre y noviembre, me iba a recoger semillas de aladierno, lentisco, espino negro, cornicabra, palmito, etc. incluso tenía un libro para tratamiento de las semillas y como plantarlas” comenta Ginés, quien también fue voluntario en el vivero forestal de ANSE.
Con el tiempo, este espacio se transformó en un centro de producción especializado en flora nativa, que hoy produce entre 40.000 y 45.000 plantones anuales de unas 50 especies autóctonas. Actualmente es uno de los mayores viveros gestionados por una asociación ecologista en España, y uno de los más antiguos dedicados a la conservación de la flora mediterránea.

Legado y continuidad
Más de treinta años después, las colinas antes desnudas aparecen cubiertas ahora de sabinas de cartagena, lentiscos, aladiernos y palmitos entre otras especies. “Cuando vuelves y ves todo esto verde, entiendes que valió la pena” resume Ginés, y añade: “Después de ver el crecimiento que han tenido, si hubiéramos plantado muchos más, hubiéramos creado montes maravillosos, es lo único de lo que me arrepiento, que no hubiéramos hecho más”.
El Proyecto Araar se convirtió en referente y precedente directo del Proyecto Spartaria, que continúa hoy la labor de recuperar la flora y los paisajes originales de las sierras de Cartagena.
SPARTARIA cuenta con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), financiado por la Unión Europea – NextGenerationEU. El Ayuntamiento de Cartagena junto con CARM, CETENMA y ANSE desarrollan el proyecto durante 24 meses.
