Adaptación de ramblas al cambio global

Ramblas

Las ramblas en el sureste ibérico

Los humedales son uno de los ecosistemas más productivos del planeta y proporcionan bienes y servicios a la humanidad, que tienen especial importancia en zonas semiáridas como el sureste ibérico. Sin embargo, son ecosistemas que han sufrido importantes modificaciones y que, en la actualidad, soportan gran cantidad de población e intensidad de usos y, por tanto, importantes presiones. La protección de los humedales es necesaria para nuestra seguridad y bienestar.

Las ramblas son cauces temporales que llevan agua de forma ocasional o intermitente, que provienen, generalmente, de las precipitaciones. Aunque en el sureste ibérico son un elemento común del paisaje, las ramblas únicamente se encuentran en lugares de clima mediterráneo con precipitaciones escasas, irregulares y torrenciales. La función más evidente de estos sistemas es la evacuación de las precipitaciones torrenciales hasta cauces mayores o el mar, disminuyendo los riesgos de inundación para la población. Pero las ramblas también son reservorios de agua y humedad, y actúan como islas de biodiversidad y como corredores, comunicando diferentes poblaciones de plantas y animales.

Las ramblas permiten evacuar grandes cantidades de agua tras tormentas y son pequeñas islas de biodiversidad, especialmente en zonas áridas y semiáridas, como el sureste ibérico.

En las ramblas se suelen encontrar un bosque de ribera más abierto que la tradicional formación en galería que se encuentra en los tramos medios de los ríos, con especies como el olmo, el aladierno, el lentisco, el baladre, el bayón o los tarajes o tarays. También existen formaciones de arbustos iberoafricanos que conforman hábitats prioritarios y que cada vez son más escasos en el continente europeo, como pueden ser los matorrales de Ziziphus. El azufaifo es un arbusto pinchoso que suele medir 2 o 3 metros de altura y cuyo pariente cultivado es el jinjolero.

Las ramblas son espacios tradicionalmente poco valorados por la población. Debido a ello, han sufrido y sufren modificaciones, que incluyen extracciones ilegales de agua o materiales (graveras), modificaciones o canalizaciones de su cauce, el vertido de residuos, o incluso la invasión de su espacio por urbanizaciones y construcciones. Durante los últimos tiempos, amenazas crecientes como el cambio climático y la invasión por especies exóticas invasoras han aumentado su importancia.

El cambio climático puede suponer la modificación de los ciclos de lluvias o cambiar la periodicidad y la intensidad de eventos extremos, como las tormentas o las sequías. Los cambios en la disponibilidad de agua o los efectos catastróficos pueden derivar en modificaciones de la biodiversidad. Así, ciertas especies presentes no podrían soportar periodos de sequía más largos y podrían desaparecer.

Las especies exóticas invasoras se consideran la segunda amenaza más importante para la biodiversidad. La degradación y la presión sobre estos ecosistemas ha hecho que los cauces se vean comúnmente invadidos por especies exóticas, como la caña común, una especie que proviene de Asia, y que fue introducida con el fin de utilizarla en huertas y construcciones tradicionales. Actualmente ocupa amplias zonas de espacios ribereños de ríos, ramblas y humedades de todo el mundo, desplazando el ecosistema autóctono de ribera y homogeneizando el paisaje. Esto puede aumentar el consumo de agua, afectar a las comunidades de fauna y aumentar el el riesgo de incendio. La eliminación de la caña es el primer paso para recuperar el ecosistema nativo de estos espacios.

El Día Mundial de los Humedales se celebra cada año el 2 de febrero para conmemorar la firma del tratado intergubernamental para la conservación y el uso racional de los humedales y sus recursos. Este año, el tema central es “Humedales y cambio climático” con el fin de mostrar el importante papel que desempeñan estos ecosistemas en la lucha contra el cambio climático y en la mitigación de sus efectos. Los humedales son uno de los ecosistemas más productivos, por lo que son muy eficientes captando dióxido de carbono y otros gases invernadero. Además, colaboran en la regulación del ciclo del agua, disminuyendo los efectos de riadas o sequías, y protegiendo de las inundaciones. Pero solo unos humedales bien conservados pueden desempeñar estas funciones.



Fundación Biodiversidad

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