Reflexiones relativas al estado de las masas forestales de Cartagena de cara al verano

Las montañas de la Comarca de Cartagena se encuentran en un periodo histórico de recuperación de las formaciones forestales y arbustivas, que se viene desarrollando desde hace varias décadas, como consecuencia de una menor presión de las actividades extractivas (minería), pastoreo y otras. La realización de algunos proyectos de repoblación forestal tanto desde administraciones como desde ONGs y colectivos ciudadanos están contribuyendo a una más rápida recuperación de la flora autóctona, que no obstante ha demostrado una notable capacidad de recolonización natural.

El tercer inventario Forestal mostró que en la Región de Murcia está creciendo la superficie arbolada pero que descendió la superficie forestal, es decir, a nivel autonómico existe una pérdida neta de formaciones de matorral y tomillar que en muchos casos albergan valores ambientales superiores (especies endémicas, protegidas, iberonorteafricanas, hábitats de interés comunitario) a las formaciones arboladas. Por el contrario, las superficies arboladas (pinares principalmente) se encuentran en plena fase de expansión. En todo caso, en el municipio de Cartagena , según el III IFN, la superficie forestal constituye el 30 % del municipio, siendo casi el 10 % superficie arbolada.

Diversos incendios han afectado durante las dos últimas décadas a diferentes enclaves de la Comarca, incidiendo principalmente sobre bosquetes de pino y zonas de matorrales y arbustos autóctonos: Tentegorra, Monte de San Julián, Escombreras, El Gorguel-Portmán, Peña del Águila-Monte de Las Cenizas (en varias ocasiones), etc. Los incendios han sido más importantes en zonas con gran densidad de pino carrasco, como ocurrió en el del pasado verano en el entorno de Peña del Águila (P.R. de Calblanque).

Aunque la pérdida temporal de masa forestal (pinares) ha sido notable en algunos de los incendios, el comportamiento general de recuperación de la vegetación autóctona es muy positivo en la mayoría de los casos en un período relativamente corto, incluso algunas formaciones como los jarales y los aliagares se ven favorecidos por el fuego. En aquellos lugares con incendios sucesivos se aprecian zonas con una recuperación más lenta.

El mayor problema en la conservación de las masas forestales de la Comarca es la falta de instrumentos de planificación y gestión. La Estrategia Forestal de la Región de Murcia presentada en 2003 no se ha aprobado aún y la planificación que proponía para una década ha sido sistemática incumplida (tal y como ha denunciado el CESRM. En este sentido, destaca la no redacción de los Planes Comarcales de Ordenación Integral y Gestión Sostenible del Medio Natural o los Planes Comarcales contra incendios forestales.

La disminución del pastoreo y la ausencia de herbívoros silvestres (ungulados) si bien favorece la recuperación de la masa forestal y la vegetación, puede estar favoreciendo una estructura de la vegetación (matorrales muy densos) particularmente proclives a padecer incendios forestales.

Aunque se han realizado algunos trabajos de mantenimiento de la masa forestal, incluyendo cortas selectivas en pinares principalmente para reducir el riesgo de incendio, sobretodo en la Base Naval de La Algameca, la mayoría de las masas forestales no reciben tratamiento. Buena parte de las zonas arboladas son de propiedad privada, y las diferentes administraciones no han propiciado la firma de acuerdos de gestión y conservación encaminados a buscar la colaboración de los dueños de los terrenos para una mejor gestión de los mismos.

La realización de tratamientos silvícolas destinados a la disminución de la densidad de pinos en zonas incendiadas, o en lugares con expansión natural de los pinares, como las laderas montañosas al norte de la Sierra de La Muela, favoreciendo a otras especies arbóreas y arbustivas como la encina, el acebuche, el lentisco, el palmito, el aladierno y tantas otras, podría contribuir a mejorar la biodiversidad, y reducir el riesgo de incendios en el futuro, o al menos minimizar sus efectos y facilitar la recuperación posterior de la vegetación y del paisaje.

En entornos industriales como el Valle de Escombreras, las repoblaciones con pino carrasco y eucalipto deberían manejarse de manera que se favorezca el incremento de árboles y arbustos autóctonos, y la progresiva eliminación del eucalipto particularmente.

La variación de la probabilidad de incendios forestales en los ecosistemas de la Comarca de un año a otro, basándose en la diferencia de precipitaciones, probablemente sea poco significativa, teniendo en cuenta la climatología local, dominada por un clima semiárido durante largos períodos históricos y climáticos en el que los cambios en la masa vegetal potencialmente inflamable se perciben en periodos mínimos de varios años.

Aunque en los años muy secos puede aumentar notablemente la mortalidad natural de algunas especies de plantas, en algunos casos por la acción asociada de predadores y plagas arbustivas y de matorral, como ocurre con la albaida, también es cierto que se produce un aporte extraordinario de materia orgánica al monte, que puede contribuir a la creación de suelo fértil si se producen suficientes precipitaciones al año siguiente.

En muchos casos, la vegetación autóctona arbustiva es el mejor aliado contra los incendios forestales, y una garantía segura para la recuperación posterior de las zonas quemadas y la protección del suelo contra la erosión. Las formaciones de palmitos, lentiscos y otras especies características de nuestra Comarca son además de gran belleza e importancia para el refugio y alimentación de la fauna silvestre.

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