Nuevas opiniones a favor de la protección de Cala Reona

Reproducimos la columna publicada por el diario La Opinión relativa a la polémica reclasificación de Cala Reona (Cabo Palos, Cartagena).

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LA OPINION 5/03/2010

¿Tiene sentido urbanizar Calarreona?

Herminio Picazo

Hay tres cosas que si ocurren dan una especial tristeza: Cuando se abandona un campo cultivado, cuando cierra una fábrica o un polígono industrial, o cuando se urbaniza un nuevo reducto de costa murciana.

Cualquiera de estas tres cosas son tristes porque implican una pérdida colectiva para el futuro de todos. En los tres casos, las consideraciones inmediatas que hacen que alguna de ellas ocurra dejan de lado las necesidades estratégicas de la economía y el bienestar regional para el medio y el largo plazo. La región necesita y necesitará una agricultura productiva, un tejido industrial maduro, y una matriz territorial cuidada y conservada para un turismo de calidad y competitivo.

Por ello cabe preguntarse si tiene sentido planificar ahora para que sea posible urbanizar Calarreona.

Ya se han argumentado profusamente las razones ambientales por las que parece conveniente que este espacio de la costa cartagenera permanezca libre de edificaciones. Sus valores paisajísticos y ecológicos están bien reconocidos, y de hecho en la planificación urbanística municipal de Cartagena las sesenta hectáreas que ahora se quieren considerar como urbanizables están clasificadas desde los años ochenta como suelo no urbanizable, parte de ellas de protección ambiental.

También se ha esgrimido la inmediatez de Calarreona al adyacente Parque Regional de Calblanque, verdadero tesoro de la costa levantina del que Calarreona no es más que un extremo excluido del espacio natural supongo que por la razón de que por algún lado hay que tirar este tipo de rayas. No sólo las posiciones ecologistas o científicas, sino también los informes de la administración regional competente en conservación de la naturaleza dejan bien claros los valores de conservación de la cala.

Pero más allá de estas razones ambientales, en cualquier caso contundentes, lo que resulta imprescindible es preguntarse cuál es el interés estratégico –y por tanto colectivo- que haga conveniente urbanizar Calarreona.

La actualidad nos propone un fantástico ejemplo y una estupenda metáfora que me atrevo esgrimir aun a riesgo de parecer un tanto oportunista o demagógico: ¿Qué queremos ofrecer a los miles de visitantes que en el futuro podrían venir a visitar el parque temático de la Paramount?, ¿qué costa nos interesa disponer para nuestro indispensable desarrollo turístico?, ¿tiene sentido por mil casas que se podrían construir en otro sitio mermar aún más el paisaje litoral murciano?. ¿No hay ya suficiente suelo litoral clasificado -paralizado su desarrollo por la crisis pero clasificado a fin de cuentas- como para fijar la atención en un nuevo sector de la escasísima fracción de costa accesible que todavía no es urbanizable?

Sinceramente creo que no merece la pena hipotecar Calarreona para el futuro. La costa regional, ya muy colmatada, no sólo es un valor de paisaje e identidad para todos nosotros, sino también un activo de desarrollo que resulta imprescindible preservar si nos queremos dotar de una infraestructura paisajística, de bienestar y de calidad de vida, que nos consolide como un deseable destino turístico

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