ANSE denuncia daños en los sistemas dunares de La Manga por la extracción de arenas para alimentar playas

borrame

La Manga 24 de mayo de 2017

La Asociación de Naturalistas del Sureste denuncia que las extracciones de arenas realizadas por la Demarcación de Costas en La Manga están produciendo daños a las últimas áreas dunares. La Asociación considera que las dunas pueden actuar como reservorio de arena, pero que la extracción debe realizarse en cordones dunares creados con dicho propósito y no de los retazos de dunas bien conservadas que albergan especies amenazadas.

La Asociación de Naturalistas del Sureste, tras inspeccionar en el día de ayer las obras, considera que las extracciones de arena que está realizando la Demarcación de Costas en La Manga están produciendo importantes daños en los últimos retazos de los sistemas dunares. Las extracciones se están realizando principalmente en parcelas privadas, muchas de las cuales contaban con sistemas dunares de elevado valor paisajístico y natural (por ejemplo, presencia de especies de flora amenazada).

Si bien se han adoptado medidas como balizar los ejemplares de Esparraguera del Mar Menor (Asparagus macrorrhizus), una especie endémica y En Peligro Crítico, y  las obras cuentan al parecer con permisos de la Comunidad Autónoma, ANSE considera que la extracción va a tener un efecto considerable tanto sobre los flujos de arena (precisamente se están realizando en uno de los pocos puntos donde existía transporte de arena desde el Mediterráneo al Mar Menor), como sobre estas últimas áreas dunares, ya que se han eliminado gran parte de la vegetación y fauna que cobijaban, alterando completamente el ecosistema.

La política de la Demarcación de Costas de desmontar dunas contrasta con las actuaciones desarrolladas por ANSE con el apoyo de diferentes administraciones (como la Fundación Biodiversidad) para restaurar algunos arenales de La Manga, habiendo demostrado que en condiciones meteorológicas favorables es posible recrear dunas mediante captadores de arena en tan solo unos pocos meses, pudiendo fijarlos en parte con plantaciones de flora autóctona.

La Asociación recuerda que dicha extracción se produce tras la paralización del dragado de las arenas de la gola de Marchamalo por diferentes problemas ambientales. Sin embargo, esta “solución” alternativa podría tener un efecto igual de negativo sobre La Manga.

Por otro lado, ANSE lamenta los escasos avances que se han producido en la protección efectiva de la flora dunar, pues la reclasificación de la zanahoria marina (Echinophora spinosa) a especie “en Peligro de Extinción”, según el Decreto 50/2003, lleva más de dos años de trámite a pesar de que la Asociación aportó a la Comunidad Autónoma toda la información necesaria para ello.

A juicio de ANSE, la pérdida de arena de las playas es un problema complejo que no puede resolverse mediante el periódico aporte de arenas de distinto origen según las necesidades “turísticas”, sino que debe abordarse de manera integral. Conviene recordar que se trata de un problema global incrementado por la subida del nivel del mar asociada al cambio climático, la alteración de la dinámica litoral y la posible reducción de la llegada de sedimentos al mar. Además, los fuertes temporales de levante de este año han acelerado estos procesos de erosión en la vertiente mediterránea de La Manga.

Para atajar este problema, la Asociación siempre ha recomendado, entre otras medidas, el mantenimiento durante el mayor tiempo posible en las orillas de la costa mediterránea de La Manga de los arribazones de Posidonia, para proteger así la costa del embate de las olas, siendo en cualquier caso imprescindible la elaboración de un plan a medio y largo plazo y a una escala adecuada para la conservación y restauración de espacios dunares en La Manga, y su protección ante la erosión costera. Durante la pasada primavera, el Ayuntamiento de San Javier retiró miles de toneladas de arribazones de Posidonia, y en menor medida arena, que fueron trasladados a explotaciones ganaderas del campo de Cartagena. Las playas quedan “limpias” para su uso por los turistas, pero desprotegidas ante la acción del oleaje.

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